La rufa y la pinta.






En esa orfandad que hay en el platanal donde la churre manda y el verde, pegao como tiña campea, ocurren cosas que a pesar del desbarate y el abandono dan la medida de que hay rincones de aquel bayú en los que todavía se cree con fe postiza que se está en el mundo y más que en el mundo "alante" como se dice.

Uno de los más creyentes sin duda, es aquel o aquellos que dentro de su mareo quieren que La Habana postule a "ciudad maravilla" como si fuera posible ocultar la mierda sobre la que se levanta lo que queda en pie. El bajarequismo tropical adornado de timbiricheo y trapiche que es la ínsula toda, desde la punta de la cola hasta el jocico de esa lagartija desnutrida que tenemos por origen no creo que sea comparable con otras urbes abundantes de maravillas conservadas para serlo, ¿qué hay en esos moropos que proponen y disponen tamañas guanajadas del sociolismo tropicoco? 

Maravilloso es que una chef española vaya a una paladar a dar una clase de alta repostería en medio de esa ciudad arrasada.  Denota entre otras cosas que a los españoles, cuando de Cuba se trata, les falta seso y aunque la sal de Cuba no sale tampoco escala el intento de suponer que dentro de aquel destimbale donde ya ni hay raspadura, en cambio hay espacio para élites que piensan en alta repostería mientras han de separar, con el pie, los mojones para poder alcanzar la calle de esa plaza colonial llevada al pasado por el hijo de un quinto al cual la bazofia diplomatica del culo de Europa trata a cuerpo de rey, aplaudiendo que le dé parejo por el orto a esa tonga de brazos prestos pal corte, también llamados criollos, que están para dar sombra y huir de los ingenios cuando se da el chance.

Y todos estos festivales e intercambios de subditos con esclavos se para sobre aquel cuento viejo de que en Cuba hay cultura, de que el cubano es culto, cuando no pasa de culturoso es manteca vieja echada a la olla por los mueleros del sindicato del maléfico penco cagalitroso que vendió la baba. Si acaso hay espacio en esas calles sucias entre derrumbe y barbacoa es para separarse del otro, loquitos como están los cometrancas abundantes en ser clase aparte, cosa difícil donde todos tienen en el lomo la marca del amo y salen del barracón arrastrando el mismo santo.

Por eso, ni chicha ni limoná. Asombra el mojonismo mental de una plasta-casta que sueña con alcurnia mientras arrastra grillos. No hay estilo ni donaire ni nivel ni exclusividá en un lugar donde la gente no comprende que solo encumbrando al de al lao, haciéndolo mejor a la vez que se lo hace uno es como verdaderamente se puede aspirar a la altura y al caché. 

Mientras eso no pase las cobas buenas, las pullas, los timbiriches de doce sillas adornados a la rusa, los festivales, la rufa y la pinta no pasarán de ser otra cosa que disfraces de carnaval para el toque del día de reyes. Parafernalia de desfile junto a diablitos y muquenques al son del batá entre fango y bosta, en medio del batey.



1 comentario:

  1. compadre, no hay quien escriba como usted, ni en lo claro, ni en lo gracioso, ni en la verdad que difunde.

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