JEFE Y MARTIROLOGÍO.




 ¿Y por qué, si las insatisfacciones son tantas y tantos perciben el problema y sus posibles causas no cambia nada? “No tenemos líderes”, me dijo M.

¿No es país para mártires? Rafael González Escalona. El microwave, un sitio donde calentar ideas.



Dentro de la crisis total a donde ha sido llevada la sociedad cubana subsiste en la mente nacional la necesidad de replicar modelos como único medio posible de cambio. Este pensamiento no considera absolutamente la capacidad del individuo anónimo como actor de una transformación a todas luces necesaria que ya trasciende tímidamente a los medios  oficiales o al que se hace entre los oficiosos que ensayan una critica de modales exquisitos dentro del molde impuesto por la dictadura.

En términos físicos, resulta toda un desafío plantearla dentro de esas líneas generales e inviolables que ha impuesto un régimen personal que no ha dudado en servirse del estado y de la nación a su antojo como si de un patrimonio propio se tratase. Se construye suavemente y de igual forma se plantea, siempre dejando en claro que si se habla críticamente se hace desde dentro, constructivamente, con moderación y casi pidiendo una venia que solo es posible a la persona que debe practicar una reflexión exenta de toda intención real de plantear un reto a ese poder dentro del que actúa.
El articulo principia con una pregunta hecha dentro del marco y cuya respuesta discurre sola líneas abajo, planteándose como una verdad absoluta y única que se deja entrever como una queja culpable, casi un lamento.
A ¿hay alguno de nosotros dispuesto a sacrificar su tiempo, su prestigio, su fortuna y estabilidad emocional a favor de un improbable cambio del estado de cosas en Cuba?

debe responder una disertación de razones truncas y valoraciones románticas sobre el papel del periodista, que nos llevan hasta la cuestión final y por ende, la solución a todos nuestros males, no solo planteada en el cuerpo del escrito si no también replicada mucho en lo comentarios y repetida otra vez y otra vez: faltan líderes y esto significa tajantemente que: “el no tener líderes es fatal para cualquier proceso de transformación social, por más inquietudes ciudadanas que hayan"

Fuera del cuartel y bajándonos del caballo más de un patriota de postín saldrá encendido a la riposta, que se presta a la ocasión para desmentir lo que tan tranquilamente se da por sentado y que no es otra cosa que la necesidad de replicar el modelo. No importa que sea ese mismo que ha llevado al país a esta posición de ruina desde la cual se hace la pregunta, se da la respuesta como una verdad única y acatable. Ir más allá linda con la traición.

¿Es un líder Raúl? ¿Lo es Canel? ¿Lo es Elaine? González Escalona tira el chirolazo y sus comentaristas lo recogen sin dejarlo caer convencidos que todos los males de  esa finca donde vegetan se pueden resolver con un líder, otro hombre fuerte como aquellos y estos que en nosotros son tradición. Parece no ser suficiente con ese ejemplo que muere poco a poco en su mansión de Jaimanitas y que fue en su momento el primero en todos lo oficios y los saberes humanos, sobresaliendo en dictar sobre todo. El periodista, u obvia por salud y prudencia o no se da cuenta que el factor de está ecuación que es en sí el generador de todos los cambios que dentro de la sociedad son posibles para su mejoramiento es, en este caso y a la vista, él mismo. Es el individuo empoderado y liberado de las ataduras que le impone un régimen, libre a la hora de elegir y con capacidad para ello quien en buena parte decide el camino de ese conjunto humano recogido bajo una nacionalidad que conforma un país y lo hace único, dentro de sus características y su realidad.

Más que líderes necesitamos instituciones que garanticen el ejercicio democrático y la contención del estado más allá del espacio donde ha de morar el individuo pleno en derechos y capaz en deberes. Instituciones que guarden y tengan por objeto permitir el desarrollo de todas los elementos que conforman un grupo social, así como la valoración y revaloración de cada uno a través de mecanismos en qué el principal impulso para su mejoría venga de la persona misma, única capaz del cambio para si y para la sociedad en su  conjunto.
Suponer que ese poder pertenece a un estado regulador que hoy existe o a un individuo determinado es replicar uno de los errores más comúnmente aceptados dentro de la mitología de la dictadura y sería suponer que en algún momento esa decisión de entregar nuestro futuro en las manos de una sola persona fue posible. Es ignorar la imposición de un régimen como en realidad ocurrió y caer de nuevo dentro de la misma zanja desde donde hoy se discurre en análisis blandos que apuntan en una dirección válida que eficazmente tienen como objeto dar fuera de la diana con todo propósito.

Habría que pedirle a González Escalona que vea más que mirar pues no solo existen gentes dispuestas al sacrificio de aquello que plantea la pregunta si no que existen allí donde pareciera imposible de ocurrir. Gente que sabe probable y posible el cambio de ese estado de cosas en Cuba que el articulista supone inamovible por el simple hecho de que una mentira dicha mil veces acaba siendo una verdad. Los hay en todos los lugares y son cada vez más dentro de una sociedad en la cual la verdadera pregunta que se debe hacer es cuan sincero es el deseo de verse tal y como son en realidad las cosas hasta hoy, asumir ese hecho y buscar una solución fuera del claustro a donde la dictadura ha confinado para su provecho no solo el cuerpo de la nación si no también su mente y espíritu.

Así que ya saben: No busquen líderes para una revolución social en un sistema más justo. Si conocen de alguno, díganle que no hace falta. No hay que seguir siendo los verdaderos enemigos de la soberanía nacional y de la igualdad. No nos hace un favor abstenerse.








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