Pa'uno mismo

En este sur revuelto, al que me arrojó el exilio, he descubierto que en solo doce años he conseguido aquello que en 25 nunca tuve en esa otra geografía que me vio nacer. Recién hace un mes y luego de mucho trabajo, esfuerzo y peleas varías yo y mi mujer compramos una casa, un sitio adecuado a mis menesteres, amplio, con futuro para la prole por venir, sitio que adecuar y rehacer a gusto propio, pero sitio al fin dónde echar raíces y legar a los hijos, recibir a los amigos y disfrutar a pesar de su horizonte soleado que ingentes y modernas torres de apartamentos de más veinte pisos intentan opacar, sin conseguirlo.

Como buen cubano eche mano a mis herramientas cuando de hacer cocina, tumbar un muro o azulejear un baño se trató, ¿pagar a un carpintero extraño, de quien sabe que maneras y cual calidad?, NO. los muebles de mi casa, de la casa de mis hijos, de mi esposa, mía, los hago YO, echando mano a la experiencia, a los recuerdos de mi abuelo carpintero, a los de mi padre, a los de la ciudad vieja que extraño y busco en esas molduras que causan la extrañeza de quien nos visita y dice que ese mueble, que parece añoso es imposible que haya salido de estas manos que escriben.

Y pienso, sentado en una cocina aún sin terminar, ¿que seriamos capaces de hacer, nosotros, cualquiera, en la Habana, con cuatro tablas y tres clavos, para la casa, la ciudad, el país, si no hubiéramos tropezado en nuestra existencia con ese muro mugriento que fue y es la imponderable estupidez del funcionario, la doctrina, la muela o la envidia del aquel que no puede, aun queriendo, levantar su propia morada, la cuadra, la pincha o más allá, de haber podido y querido.

Potencia es poco para lo que fuéramos, y duele, que luego de decir y desdecir,  mentiras, cambios, trueques y muelangas varías los que mandan por voluntad desoigan esa voz de la mayoría que, como yo, con cuatro tablas, el ingenio y los buenos deseos podríamos hacer, no una cocina, un closet o un par de sillas, un país entero, un sitio bueno para nosotros y los que vengan detrás, una nación, nada grandilocuente, ni perfecta ni maravillosa, un sitio dónde estar, vivir, disfrutar y morir, pero ahí, en lo de uno, cerca, propia.

1 comentario:

  1. Lindo post!
    ¡Cuántas verdades expresas en tan breves líneas!
    Felicidades para ti y para todos tus seres queridos.
    Disfruten su hogar, que es y será el mejor rincón que pueden tener en la tierra,y mas si lleva impreso la creación personal de cada pared, de cada esquina, de cada mueble..
    Un abrazo bloguero
    Espe

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