CRÓNICAS desta villa.

Taba adormilado, casi completamente frente al televisol cuando Taladrí dijo eso de Mayamí y de la yuma que de un palo se me quito el sueño, ¡que manera de hablar pin!...me dije, jalando por el shor y saliendo del cuarto, minusculo pero decente, que en modo de "medio basico" habito en el maravilloso y rutilante barrio de Belén por estas lindes de Campeche, comarca de Labana, ínsula fiel y nunca bien poderada de la ysla de Cubita la bella El lío era que hacia rato que me quería meter a Damilayeski, una blanquita churripurri de altos vuelos que vive en San Isidro con Habana, en un bajareque múltiple de microbrigada que quedo inclina´o pal  la'o por tos los materiales que se fachó el guajiro chivatón que era el jefe de brigada, con los que se hizo para su revolucionaria humanidad un gao de tres pisos justo enfrente, sin dolor ninguno, desde donde rige los destinos de la cuadra mientras toma gualfarina en su terraza palaciega y anota largas listas de entradas y salidas en el libro de vigilancia del comité.

Yo era un negro de nación, niche retinto con intereses bucólicos que le dio por meterse a estudioso y para estas fechas estaba entrando en el segundo año de una carrera que habría de ponerme a las puertas del futuro con todos los regalos que trae el poseer un oficio del siglo XVIII en plena villa, era carnicero en una placita cercana, hecho que no había logrado, a pesar de mis dotes y facultades doblegar el alma de la bella jabá de marras, que algunas mulatas chancleteras del barrio por pura envidia de no poseer sus dones no se la tragaban ni con Cerelá. El asunto era que la semi blanca estaba pa' partir un coco y además, estudiante univelsitaria, que me traía loco con su andar de doncella por las calles del partido con ese tremendo cucú que de blanco tenia solo las tangas y los pitusas a la cadera que dejaba mostrar su anatomía de diosa indiana.

Ya tenia a mi favor, cómo logro supremo, entre bistecitos regalados y masitas limpias arrebatarle su sonrisita y su guasabeo en las mañanas domingueras de mercado pero me faltaba meterle duro, que la niña se virase pa' jon y ahi mismo partidla con el bate y esa noche, el care'pizza me despabiló con el dato metiendome en la cabeza imágenes calentogenas y desviadoras. Con el niño en la mano me dije, "vete a ver y la blanca está en batecasa asomada en el balcón del garimete disfrutando del fresco que la calor dispone y desde la azotea de Peyito, que da justo enfrente puedo gozar de la tersura de sus tungencias" y pa' allá fui, guiado por la mano del destino y escoltado por la bóveda celeste que a esa hora se plagaba de estrellas porque a decir verdá, más vale matarse un rato teniendo a la vista un buen melón que meterse al carepizza este hablando cascara en el programa fula ese donde hace de animador.

Y ya me disponía con paso seguro a tomar mi rumbo cuando al salir a la acera me vi asaltado, por todo menos por el destino, Cuquí, la prieta del 380 se me insinuó completamente liberadas sus dos tremendas tetas, las que me daría a cambio de lo que fuera con tal de meterse un pomo, la eludí con deportivo arrojo solo para caer en el área chica de Yuniesaldia, desde cuya minifalda apretada percibí vahos extremos y que intentó jalarme pa´un derrumbe por cinco CUC que a la postre terminaron siendo veinte pesos cubanos para meterse unas pizzas, también logre rehuir sus designios cuando en la bocacalle, Lilaynie vio en mi material de agarre y al mismo tiempo que me media el pendular con la mano presta esgrimía tarifa. Pa' mi que por mucho que me esforzara no lograría llegar a donde quería pero fue que después  de un salto de esquina y de esquivar a Rodolfito, Alias Mamalía la Mora, que venia llegando de una reunión en el CENEXE sin haber podido cazar un pato entre La Sortija y la terminal, con las "devoradoras" en su punto pude observar, ya situado en mi refugio de azotea que el balcón de mi adorado empeño se encontraba cerrado. Ya casi me aprestaba para salvar la distancia de regreso con sus peligros antes narrados cuando la ví, escultural y magnifica, embutida en un juego de licra celeste que casi la partía al medio, alzada sus dos tremendas piernotas en unas plataformas que, tenues, empujaban hacia el cielo sus tremendas y cúspides nalgas, cerraba tan armonioso conjunto una blusita transparente que dejaba ver en todo su esplendor los duros puntos que la fresca nocturna volcaba de sus dos acornisadas gemelas sobre la tela. Era un sueño, una diosa, una maravilla viva, bajándose de un carro nuevo con chapa de embajada desde donde un sapíngo le holló la nalgona con la mano enjoyada de Rolex y fue entonces que me asaltó la duda, ¿Seguro que Taladrí hablaba de Mayamí?

2 comentarios:

  1. Muy bueno,muy bueno...y el lenguaje empleado......

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Dimelo cantando.