A PROPOSITO de razones.


Silvio puede, con su antinomia de vocero creer entre otras cosas que la revolución dignificó al cubano, específicamente, teniendo en cuenta que los dignificados fueron un grupo escogido entre los que él puede contarse.
La revolución que yo conozco, a nivel de piel y de calle fue esa que adoctrinaba mi cabeza en la escuela rimando F de fusil y de Fidel, aquella que siempre mantuvo una línea divisoria entre unos cubanos y otros, línea que era especialmente clara y discernible en mi barrio y áreas adyacentes al puerto de La Habana.
Para los habitantes de aquella zona y como supe después para los de otras, la revolución se limitaba a ser un sistema que exigía sin dar nada a cambio. En mi esquina había un bar y en el libaban el alcohol triste los que no cabían en aquel proceso, no porque no lo quisieran si no porqué para ellos el cambio de gobierno había sido sólo una retórica de alturas inalcanzables, la marginalidad de sus habitantes nunca fue combatida en serio, jamás se trabajo para aquellas gentes ni se cuido que de esas callejas salieran en marcha triunfal hombres nuevos y de bien. Mi barrio de San Isidro era lo mismo 31 años después, aun cuando estuviera prácticamente vacío por el éxodo del Mariel, los hijos de los idos vinieron a ocupar el espacio de los que faltaban en el hacinamiento y la miseria se acrecentada día a día por cada medida dictada a ciegas y la mal llamada vigilancia “revolucionaria”.
No había que ser un genio para darse cuenta, los marines y americanos borrachos fueron sustituidos por rusos y Yugoslavos que se arrastraban por las aceras después de beber hasta reventar, las nuevas hornadas de prostitutas eran producto consumible de aquellos a ojos vista y paciencia de miembros destacados de las organizaciones de masas, el negocio informal siguió siendo el modus vivendi de todas aquellas gentes que nunca supieron hacer otra cosa y con el cambio continuaron siendo parte de ese grupo social excluido de antaño, ahora limitados en sus libertades más individuales y hasta en sus vidas.
Yo vi con ojos de 10 años profanaciones que dejan pequeña a aquella del marine en el parque central, diferencias abismales, no en el “tener” si no también en el ser, vi robo y desvío de recursos a manos llenas que decantaban su tesoro esmirriado de lujo en el maletero de los Ladas de funcionarios conocidos, me tocó pasar el hambre de los que no tenían y sin la libertad de poder acceder a un batido como en sus tristes noches sin cena Silvio pudo, éramos pobres en aquel barrio de pobres porque el sistema nos lo imponía por personal decreto.
Allí ninguno de nosotros importábamos más allá de ser puras estadísticas, era deporte pasear las ruinas que dejaban los ciclones y gozar en aventuras suicidas de las azoteas en franco derrumbe, disfrutar las vidrieras de las tiendas los días de reyes con sus colas de madrugada y su decepción de anaqueles vacíos si el número obtenido te obligaba a entrar en ellas casi de último, por eso fuimos carnaza de la pobreza que no se vió nunca en las anchas avenidas de Miramar y La Coronela, después me tocaría vivir la gran diferencia de las escuelas escogidas para los hijos de la nomenclatura y los exclusivos clubes para militares que pasaban por delante de nosotros como endiosados y segurísimos de tener la sartén por el mango.
Por eso, mi barrio fue, con sus calles horrendas y sus negros de leyenda la mejor escuela de forjar enemigos que la revolución pudo crear y mantener, era muy difícil después de escapar a la detención sin motivo y a la estación de policía atestada un sábado por la noche, querer hacer una guardia o gritar un viva a quien fuera, para mi la revolución fue eso, una maquina de moler gente bien engrasada que tenía por encima de todas las cosas la voluntad expresa de separar las aguas y que unos fuéramos más iguales que otros.
Lo dicho por Fidel en su locura no es noticia de ninguna clase, todos los cubanos desde que tenemos uso de razón ya sabíamos cuanto hay de cierto en la frase que se le escapo, nos lo decía la vida simple que transcurría por nuestro frente, constante y sostenida, nos lo aseveraba esa batalla de ellos contra nosotros que aún no termina o estaría por comenzar.
Silvio necesita, más que recordar y desvariar defensas posibles, aceptar de una vez que la dignidad es imposible sin libertad, pero es cosa que se olvida rápidamente desde la despensa llena y la mesa con mantel.

6 comentarios:

  1. Ese Silvio sin apellidos debe de enorgullecerlo. Cierto que cualquier cubano intuye de qué personaje hablamos. Cierto que Slvio es culto, que Silvio es profundo, que Silvio es críptico y eso da interés, pero precisamente esas cosas le condenan. él si no tiene la excusa de la ignorancia, pero se aferra al libreto porque vive muy bien, es decir, es un vende patria auténtico,tanto si por patria entendemos lo más sagrado que es la VERDAD, como si hablamos del país con sus s llanos y montañas, ajenos a los dirigentes o a si corre el dinero o la sangre y la opresión.
    Aunque sea innecesario mentar el apellido, yo particularmente no le dotaría de la gracia de privarle de su apellido Rodríguez, bien común por cierto.
    Que se jeringue y sea uno más.

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  2. Excelente post.
    Definitivamente, la dignidad es imposible sin libertad.
    ¿Podrá silvio entender eso, o será que su nivel de burgués-comunista como peón del capitalismo-monopolista de estado no le deja ver más alla de su nariz?

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  3. Saludos, Calderon.
    Oye, aunque por alla por la aldea dice el Cacique que podemos usar todo lo de Guama para lo que querramos, me gustaria tener tu permiso para reproducir este tema tuyo en otro blog. Por supuesto, citando la fuente.
    ¿Pudiera ser?

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  4. Reinaldo:

    Usalo, que estamos en la aldea, deja el link pa`saber adonde fue y ya. que te aproveche.

    gracias

    Calderón

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  5. En otras palabras, y resumiendo el exelente articulo de Calderon: Silvio es el tipico hijoeputa alagador, capaz de vender a su madre, con tal de mantener un plato de comida en su mesa, y una botella de vino en su despensa. Especie de prostituta de ideales.

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