SIN MIEDO.

¿Como fue?, fácil, nos reunimos en un parque y caminamos dos cuadras hasta la embajada que estaba casi cerrada por vacaciones, ya en la esquina un trio de chilenos mandados por quien tu sabes gritando guanajadas, después dos que intentaron meterse a provocar y los carabineros los pescaron en el salto, otros que gritaban entre nosotros pero ninguno con la fuerza de los sesenta que fuimos en un momento, dos o tres gritones siempre de lejos y al otro lado de la calle, más que un mar una pandilla de chilenos con banderitas del PC, ¿que gritaban?, cositas lindas como los slogans remolidos de la revolución intolerante, estribillos aprendidos mal, mezclas de groserias con elegantes y combativas frases tipín los setenta, entre ellos dos cubanas, una doctora que declaro abiertamente ser una activista mandada por la embajada y una funcionaria de la misma que saltaba como una loca y gritaba con voz de pito cosas que nadie entendía, supongo que su alegría se deba a que con los méritos ganados hoy espera le den algo.

La policía se saco un cien, fueron caballerosos e imparciales, no dejaron que los aguerridos comunistas de salario cruzaran la calle para nada, cada uno en su acera, (algunos venían dispuestos a la guerrita, haciéndose los guapitos, pá esos, había su galleta reservada), los demás guapearon su miedo de lejos sin atreverse a cruzar, se fueron de entrada al insulto fácil, al dedito en alto y al ladrido de perro faldero. Una gorda de rojo vociferaba sin aire con un megáfono la frasecita de "Cuba no se vende", inculta la señora porque no sabe que el gobierno ya lo ha hecho un cojón de veces, eso, bravuconeria de esquina y poco discurso de ese lado, ruido.

La embajada cerrada, muchos chivatones con caras de cubano metidos entre nosotros con cámaras caras e intercomunicadores al oído, varios chilenos prestados a la fotografía delatora, filmando y sacando fotos frente a las caras de nosotros con descaro pero con miedo, con mucho miedo y nerviosismo, tanto que uno no atinaba a abrir la tapa de la cámara y le costaba, su seguroso misteriosote entre los presentes y mucho miedo entre ellos, se evito pasar a mayores y termino la marcha entre la alegría de una pequeña victoria en esta guerra tan larga.

Una nota curiosa, mientras nos acercábamos a la marcha la gente salia de las oficinas colindantes y nos apoyaban, chilenos simples, que nos animaban de corazón y con entusiasmo dándonos ganas de romper el miedo que se quedo allí entre los rabanitos calientes de la acera opuesta.

PD.
En Chile a los comunistas se les llama de forma jocosa "RABANITOS" , rojos por fuera y blancos por dentro.


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