Todos los muchachos de la cuadra comentaban con cierta envidia la suerte de Silvio, ese cantante del que nos servíamos para enamorar a las niñas en la beca y que nos hizo vibrar en los conciertos con sus canciones, El bardo estrenaba estudio bien equipado y de su propiedad, lo confirmaba la nota del noticiero nacional en donde se podían ver imágenes de las salas de grabación, eran los años del periodo especial y había hambre en mi esquina, soledad y abandono, desesperanza que crecía y aumentaba con los apagones eternos y las diatribas políticas, allí, en la calle la sensación de abandono era grande y la tristeza solo amainaba un poco con la mañana limpia que iluminada nos decía que comenzaba un día nuevo y otra batalla por sobrevivir.


Después vino lo de los balseros y Fidel en la televisión nos confirmo lo que sospechábamos, éramos una masa informe que lo único que podía aportar era su poder de presencia, su imagen, no valíamos nada mas, para otra cosa no servíamos, estábamos entre la miseria y el mar que no paraba de devorar gente y al que fuimos buscando una salida que la magnánima revolución no nos daba, para los que no pudimos irnos los policías de la estación del barrio, puesta en pie de guerra y con armas largas asomando por las ventanas, nos lo confirmaba, éramos números, estadística pura, para nada gente, y eso crecía con el aparheit de los hoteles y de los restaurantes de la Habana Vieja llenos de turistas enamorados del trópico.


Silvio tiene mas de una casa y un carro, tiene un estudio de grabación, empresa propia que la dictadura le deja mantener a cambio de decir lo que ha dicho, era de esperar el discurso manido de revolucionarias convicciones que nos ha regalado, en los setenta también abandono a la juventud que lo seguía adscribiéndose a la masa de los acomodados que lo convirtió en su bandera, tiene prebendas de las que disfruta y goza siendo un ciudadano de primera que en el aeropuerto de Santiago de Chile embarca primero en la cabina de primera clase con aire de señor mientras sus músicos, cargados de cajas y maletas lo hace en la clase turista, en el Terminal de La Habana no lo espera un taxi o una guagua de línea, se va displicente, acostumbrado a los lujos que significan ser un ciudadano del mundo en un país de sombras sin valor.


¿De que honor puede hablar?, ¿acaso no vive en Cuba y no ve la miseria?, ser un bufón de palacio lo ha convertido en esa traición con guitarra que siempre fue, una que salta cuando le tocan los resortes de sus imperio, se remueve y grita casi cuando es puesto a la luz que lo desenmascara de un golpe, ¿se pueden tener razones para creer en un gobierno que apalea a quien piensa diferente?, cuando el veinte por ciento de la población huye a costa de su vida hay algo muy torcido que el señor cantante no quiere reconocer, ¿es digno un gobierno de viejos que se niegan a dejar un milímetro de poder en manos de alguna persona ajena a su circulo intimo?, Silvio, eso se llama dictadura, mentira, abuso, traición, abandono de deberes, asesinato, componenda.


Algún día no muy lejano la dictadura morirá, su misma esencia insostenible así lo dicta, cuando se vean los crímenes, los muertos, la pobreza, el enriquecimiento de la clase gobernante, su corrupción rampante, su carácter hostil y de desprecio al pueblo, ¿Qué canciones cantaras Silvio Rodríguez, defensor de la espuria clase que nos martirizo cincuenta años?.

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