Doctrina.


Cuando chama en la primaria allá por el lejano año 81, tenia una maestra que se llamaba Margarita, la vieja no era para nada dulce y menos hermosa, siquiera presentable, hacia honor a un mal genio del carajo y le encantaba tirarle las orejas a los muchachos, para mi que gozaba con aquello porque sin ton ni son venia y ¡fuacata!, te metía un reglazo o un jalón de guataca que era pa morirse, la profe gozaba con su metodologia revolucionaria haciendonos leer este libro de corrida, sonando unos dictados bien ñangaras y descargándonos unas diatribas verdolagas que mas que prepararnos como hombres nuevos nos hacían doler la cabeza. En la escuelita de la Habana Vieja donde estudiaba había mas prietos y brutos que la media nacional, to el mundo le descargaba a la santería por tradición y la vieja aquella se ponía como una leona cuando veía a un chama con su protección o con un collarcito de Ochun o Yemaya, los acarreaba para la dirección donde al pobre muchacho le prometían las penas del infierno revolucionario y le llamaban a los padres a contar, castigo aquel que garantizaba la vergüenza publica y la burla de los demás por varios días, cosa que había que aguantar estoicamente y dilucidar cada tarde a la salida de la escuela a revolcones y piñazos en la esquina. La escuela esta aun allí, al lado de la imponente iglesia de las Mercedes, pisar la iglesia estaba mas que prohibido y cuando lo hacia para ver los cuadros y la decoración barroca del templo siempre a la salida habia un muchacho que me amenazaba con contarle a todo el mundo que me había visto saliendo de allí como si aquello fuera una casa de putas o la cueva de Ali Baba con los ladrones dentro, la religión estaba mal, era un atavismo del pasado y solo iban a rezar las viejas y los gusanos. Pero el día 24 todo cambiaba, la iglesia se llenaba de gente vestida de blanco hasta el techo, encendian todas las lamparas de lágrimas y ponían la cosa en su punto, la misa era con la puerta abierta a templo repleto, una cola de gente se dejaba ver para subir al altar y besar el manto de la virgen en una marea de espiritualidad y devoción, a falta de entretenimientos mas alegres también me dejaba caer a chismear con algunos amigos, la policía hacia cordones y hasta se rumoraba que ponía tiradores en los techos, nunca supe bien para en caso de que tirarle a quien pero era lo que se decía y uno miraba pa arriba asustao de que sin ton ni son le llegara un tiro de gratis. Recuerdo que una víspera Margarita agarro a un jabao que había en la clase con un collar de Chángo colgandole del cuello, el chama se enredo en una bronca y la camisa rota le dejo ver la prenda que se convirtió en pase directo para la dirección y expulsión de la escuela inmediata, Margarita rondaba al muchacho gritandole improperios y amenazándolo con sus tirones de orejas que se hacían castigos inútiles y morbosos, el chama sufría de verdad y cuando llegaron los abuelos se lo llevaron en medio de una bronca descomunal, al día siguiente en medio de la procesion para entrar al templo me doy cuenta de que alguien se escondía debajo de un velo blanco, parecia casi un árabe porque estaba entisao en el trapo de la cintura para arriba, era Margarita, estaba cagada de miedo de que alguien la pudiera reconocer aunque la hora y la escuela cerrada no lo hicieran muy probable, me vio y bajo la cabeza culposa hasta que se perdio en el salon iluminado. Tuvieron que pasar veinte años para que la viera de nuevo cuando un dia pase por la escuela a recorrer lo que mi infancia dejo en aquellas paredes y me la encontré, me supo reconocer con esa extraña facultad que tienen los maestros de escuela que no olvidan, era la misma flaca vieja de edad indefinida y mano presta pa tirar orejas, mas vulgar y fea que como la recordaba pero algo mas libre a estas alturas porque dejaba ver sobre la blusa sus collares de santería sin el miedo de antes.

1 comentario:

  1. muy bueno!
    yo recuerdo que algunos niños iban a las flores de mayo (que atrevidos esos padres!) y cada día les daban un ticket que devenía en juguete al final del mes.
    ese era el tiempo de los 3 juguetes en julio (báscio, no básico y dirigido) y yo me moría por otro, pero nunca me dejaron ir.
    en la escuela miraban mal a los niños que iban y peor a los testigos de jeová, que no usaban pañoleta ni cantaban el himno. mis padres no querían que yo pasara por eso. me imagino.
    que horror!

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