¿Qué tanto?


La voluntad de echarle la culpa al río es cosa vieja que se replica en gente nueva y así se va sentando la base que hará que un día, cuando ya la ínsula sea oficialmente la casa de putas que siempre ha sido pero sin los chulos de hoy, se hable de la crápula dirigente de la reinvolución como ángeles caídos del cielo y de estos tiempos como los mejores que gozó el platanal.

De eso se encargan desde ya gente como Decemer, que va por el mundo llorando miseria y magicamente trabajando para que las culpas aquellas caigan lo más lejos posible de los culpables. Como el pueblo llano, de veras quien se ha jamado el cable sin jugo alguno, para plasmar su memoria tiene que pasar por los intelectuales dados a doblar la rodilla ante el señor, la historia será así de simple. Preparemonos para que dentro de cincuenta años surjan partidos inspirados en las glorias del sátrapa o de su hermano el general.

Y es una bobería pero hay que preguntárselo porque de ahí puede que en algún momento salga la reflexión y, quien sabe, la respuesta, ¿Qué tan bajo se está dispuesto a caer por ganar un espacio en esa tribuna dónde solo hay lugar para alabar a la causa verdadera de todas nuestras desgracias?


Babeando espero...
















 





Reflexionando a lo loco,
crítico y sin sentimiento,
dado siempre el subterfugio
te ha salido largo el cuento,
hay un devaneo intenso
en tu seníl pensadera,
muela falsa, mareadera
con intención de elevar
ese cuento del tabaco,
cosa de nunca acabar.

Si es posible prolongar
la salú y la vida plena,
hacer que valga la pena
viendo lo que está pasando
te preguntamos nosotros,
¿por qué has esperado tanto?




EDITORIAL GUAMAÑANGA · El guitarrista de Hamelín


En estas lindes de su magestá ilustrísima, la eterna segunda, ha caído la mierda para salpicar a aquel que desde la tribuna, grácil poeta, puso su instrumento, lengua y cara pétrea al servicio de los señores de Birán, descojonadores desta ínsula, que en franca mariconá han hecho del desbarate un bien nacional, del condado Jaimaniteño pa' acá.

Y es que la villa está revuelta con los decires y los venires del bardo que se queja porque a la empresa de su propiedad y en mal gesto le está faltando la luz, ¡Por segunda vez! en varios meses, lo que no deja que se cumplan los compromisos que le reportan el baro y le garantizan la mesa, servida y con mantel a mil kilómetros del cable que jamo yo. ¿Acaso sabrá el guitarrero mayor la cantidad de veces que a uno le han quitao la lú en esta redacción, casa, bajareque y cuanto local habitable o no existe en estas comarcas? Y se queja por que son dos, cuando nosotros, negros, prietos, jabaos capirros, semiblancos y mulatos todos nos quejamos de lo mismo y más acabamos siempre en la Marista Villa, con luz pero de esa que no se apaga ni de día ni de noche, pa' ejemplar escarmiento.

Pues parece que ahora, pobre del cantor se le acaba la vida, sabrosa, hecha a la vera del malo mayor y a quien invoca, como si de un conjuro se tratase. A la hora de pedir explicaciones lo llama como si la pura mención de su nombre abriera las puertas que hace tiempo, con la lengua y el servil servicio de las seis cuerdas aseguró, ganando para si casa y hacienda donde montar una empresa internacional que le diera millones y garantía de no rozar con la masa, útil para llenar conciertos y dar perico y paula en la cantera, mientras jama madera.

Ahora se queja de que nadie le escucha. Que aquellos que siempre estaban, doblada la rodilla y el gesto agachón hoy día le meten curva cuando viene con la cantinela de qué lo quieren joder. Montado en el rabo de nube le tira a los pinchones que quieren verlo caer, por arrastrao y pa' que sepa que aquí todo cambió, y es que nadie le habla ni le escribe porque Silvio no entiende que aquí no hacen falta unos cuantos miles si no millones, como dijo Brunito en su momento pa' que le cacharan el cuento, que aquí no invierte cualquiera.

Y es bueno a las finales que la mierda en su caída lo embarre y lo ponga allí donde siempre debió estar desde que se creyó el guitarrista de Hamelín allá por los sesentas y ayudó a llenar las UMAP de pajaritos e inocentones, arrastrándolos  al encierro para luego desaparecer e ir, solicito a mamar. Tarde o temprano, estés donde estés en esta finca que es la ínsula todos están por debajo del más bajo y familia y no hay casualidá, el que la hace la paga, todita y en pccuc. A lo mejor ahora entiende el gran justificador de lo injustificable, el presta’o de siempre, muelero como ninguno, necio al fin que al igual que toda esa gente que descubrió hace poco, gente que puebla las guardarrayas destos realengos entre ingenio y central, que él también está tan jodido como ellos y hasta más de lo que pensaba.
 
 

Consejo.



Siempre estás más cerca cuando te crees más lejos.
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Un dirigente dado a la mandancia
diestro en fingir y de amplia militancia
a quien debía su lar y un buen carrito
quiso fortuna y quedase botadito
por un ponche que artero y sin aviso
dejó la llanta de su carro en el piso.


De pronto vióse el hombre sin su medio
y más que desolado, sin remedio
descubrióse a merced, casi en ultraje,
plena su bolsa, parado su carruaje
de varios habitantes que celosos
cercaronle callados y curiosos.


Creyó de un palo, metido en esta gente
el gesto huraño, la boca maldiciente
que el populacho tiene por blasones
perder el todo sin pero o condiciones
pues buena cuenta darían y con gozo
de tal mango, por bajo y por sabroso.


Más cuanto más temió, todo fue vano
porque prestos y dados los paisanos
con artes y con mañas muy subidas
compusieronle el carro y al agente
devolvieron al cauce de su vida
sin mediar premio ni otro punto
que volver cada cual a sus asuntos.


Disipado su miedo, cesados los trabajos
agradecido el gesto bromeó de buena gana
cuando escuchó al punto una sentencia
que dió a tornar su cuero en piel de rana:


A ti que te debates sin conciencia
colgado del poder igual que guindan
las hojas de una rama lo que hoy
no pagas ten seguro que sabremos
cobrartelo mañana pues no es otra cosa
la subida que distancia mayor a la caída.

Tócate.




Hoy no me vi a levantal,
¿qué pol qué? 
polque hoy es trece,
un día para guardal,
pa' no salir a la calle
y menos para fiestal.

¿Que tú no cree neso?
A vel:

¿Te acuelda de Manolito,
el día que se tiró
que casi se joden todos
y que ninguno llegó?

Fue un trece, qué lo se yo.

¿Yusiel el hijo de Yeya
que bárbaro se creyó,
metió un palo en el Ditú
y el Deteí lo trabó?

También fue trece mi amor.

¿Maidely, la colorá
que un gallego jineteó
que le prometió sacarla
y despué se le perdió
habiéndola bien gozado
cuando tortilla hizo y tó?

Un trece, me acuerdo yo.

Hoy e' un día pa' gualdal,
sale tu, que lo que es yo
no le pongo un pie a la calle
hasta el catorce, no, no.

¿Te acuerda del viejo aquel
que aquí todito jodió,
que hablaba miles de hora
mándando sin ton ni son,
y que cuanto había de bueno
todo lo desguabinó
matando y metiendo preso
a todo el que protestó?

Si niña, fue hoy mísmitico,
fue un trece cuando nació...